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21.4.16
20.4.16
14.4.16
13.4.16
5.4.16
LA COLO
Cuando modelo con arcilla, el tiempo transcurre sin que lo sienta.
En silencio voy escudriñando esa cabeza.
En la figura humana es la cabeza la que determina nuestra identidad, paradójicamente no vemos nuestra propia cara,salvo en espejos o fotografías, pero no sabemos nunca que están viendo los otros. Vemos nuestras manos, puedo ver mis pies, o mis brazos, pero no se que aspecto tienen mis orejas en este momento, o que dicen mi cara o mis ojos.
Todo esto pienso mientras aparece esta cabeza que dormía en algún rincón de mi conciencia.
Pasan horas, días, semanas hasta que siento que es una presencia.
Nunca se muy bien cuando comienzo, que saldrá,dejo que la imagen fluya,el barro y mis manos se ponen a buscar la forma adecuada.
Lentamente se va revelando, luego el horno hará el resto.
Casi como quien prepara un pastel.
4.4.16
CABEZA DE ESCRIBA
Cuando trabajo el volumen estoy dibujando. Mientras modelaba esta cabeza en arcilla, dibujaba, Son miles de dibujos los que están contenidos en esta forma, hay perfiles, tres cuartos, de frente, de arriba etc.etc. Además está presente la luz, quien construye las formas. La luz y el espacio son partes esenciales de una escultura. Esta terracota policromada es de factura reciente, la llamo Cabeza de escriba porque me recuerda levemente al famoso escriba egipcio. Trabajar con el barro es algo muy placentero, tal vez se relaciona con nuestra infancia, esa materia tan plástica que registra todo lo que en ella hacemos, una raya hecha con la uña, una leve presión con la mano, todo queda registrado.
4.4.15
2.2.15
ELUCUBRACIONES DE UN SR. QUE AMASA.
Por estos días tórridos, mientras mis
amigos veranean en playas lejanas, escuchando bajo las palmeras el son de los
ukeleles, yo trabajo como la hormiga de Esopo. Mis manos modelan la arcilla,
esa materia que al amasarla sentís que dentro tuyo sigue vivo un niño. Pienso que
si todos amasaran arcilla con sus manos, las multinacionales de tranquilizantes
irían a la bancarrota.
Así va surgiendo este caballito bajo la
mirada atenta de mi petit fille Florencia, que me dá sabios consejos, me presta
herramientas, me asesora con presteza sobre el posterior horneado, hasta que me dice que le deje de hinchar los
ovarios.
Todos los hijos saben claramente donde está
el límite de ese extraño territorio que es la paternidad.
Todavía no tengo decidido en que pared irá este
relieve de terracota, acá en nuestra casa-taller de Vistalba, pero mientras
trabajo la imagino como un sobreviviente dentro de 1.225 años, cuando ninguno
de nosotros viva. Lamento decirles (si aún siguen leyendo) que la vida es
breve, si bien la muerte no existe, pero esto lo dejamos para otro día.
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