
22.11.08
17.11.08
George grosz
Para mí, el arte era una válvula por la cual dejaba escapar el vapor caliente que se acumulaba en mi cabeza. Por poco tiempo que tuviera, descargaba mis iras dibujando.Llevaba agendas y papel de cartas, y dibujaba todo lo que me disgustaba a mi alrededor: los rasgos animales de mis compañeros, los inválidos furiosos, los oficiales arrogantes, las enfermeras ávidas de una aventura amorosa, etcétera. No pretendía nada con aquellos dibujos; al principio carecian de toda finalidad, estaban destinados a retener lo ridículo y grotesco del mundo que me rodeaba, un mundo lleno de pequeñas hormigas activas y deseosas de matar...
Me dijeron que iban a fusilarme por desertor. Por suerte el conde Kessler se enteró. Intervino en mi favor y consiguió que me indultaran, ingresándome en una institución que acogía a los transtornados por la guerra.
Extraido del libro "Un sí menor y un no mayor"
De George Grosz
Grupo Anaya S.A. editor
Me dijeron que iban a fusilarme por desertor. Por suerte el conde Kessler se enteró. Intervino en mi favor y consiguió que me indultaran, ingresándome en una institución que acogía a los transtornados por la guerra.
Extraido del libro "Un sí menor y un no mayor"
De George Grosz
Grupo Anaya S.A. editor
15.11.08
Dibujo y memoria.
“El puro presente no es sino el fugitivo progreso del pasado royendo el futuro, a decir verdad, toda percepción ya es memoria.”
Esto que dice Henri Bergson en su libro Materia y memoria, confirma que cuando dibujo, siempre está presente la memoria.
Lo que observo y mi memoria de lo que vi, ¿Cuál es mas cierta?
Ayer dibujé una mujer sentada utilizando un modelo.
Tener cerca un modelo es tener una certeza. A veces, esta certeza nos distrae y el resultado es una suma de partes, no una totalidad.
Meterse en un dibujo es entrar en un territorio desconocido.
Un dibujo es siempre una abstracción, por más hiperrealista que sea, una fotografía es una abstracción, traduce a un plano una forma tridimensional.
También todo lo artístico: la literatura, el teatro, la pintura, la música, el cine, son traducciones.
Traducciones de lo real.
Cuando veo una mancha de humedad que evoca un perro, es mi memoria la que transforma esa mancha en un perro.
Recordar, la palabra lo dice, es mirar con el cuore.
Esto que dice Henri Bergson en su libro Materia y memoria, confirma que cuando dibujo, siempre está presente la memoria.
Lo que observo y mi memoria de lo que vi, ¿Cuál es mas cierta?
Ayer dibujé una mujer sentada utilizando un modelo.
Tener cerca un modelo es tener una certeza. A veces, esta certeza nos distrae y el resultado es una suma de partes, no una totalidad.
Meterse en un dibujo es entrar en un territorio desconocido.
Un dibujo es siempre una abstracción, por más hiperrealista que sea, una fotografía es una abstracción, traduce a un plano una forma tridimensional.
También todo lo artístico: la literatura, el teatro, la pintura, la música, el cine, son traducciones.
Traducciones de lo real.
Cuando veo una mancha de humedad que evoca un perro, es mi memoria la que transforma esa mancha en un perro.
Recordar, la palabra lo dice, es mirar con el cuore.
13.11.08
HUMORES
Durante el siglo pasado (yesterday) las revistas de humor eran una plaga en Argentina.
Gracias a la economía o a la censura algunas duraban lo que un pedo en una canasta.
Nombres estrafalarios como: Media suela, La cebra a lunares, El ratón de occidente, Satiricón, Hortensia, Tía Vicente, Mengano, Feriado nacional, Humor registrado, poblaban los kioscos de revistas.
Por casi todas pasé.
Durante años fue mi sustento o mi excusa para no trabajar.
Gracias a la economía o a la censura algunas duraban lo que un pedo en una canasta.
Nombres estrafalarios como: Media suela, La cebra a lunares, El ratón de occidente, Satiricón, Hortensia, Tía Vicente, Mengano, Feriado nacional, Humor registrado, poblaban los kioscos de revistas.
Por casi todas pasé.
Durante años fue mi sustento o mi excusa para no trabajar.

El mecanismo que usaba era muy simple, hacía un dibujo, generalmente sin una idea muy clara y después buscaba un epígrafe con cierto humor que calzara en esa gráfica.
Mi mujer y mis hijos eran el tribunal de testeo, si lo entendían pasaba.
Vivía angustiado, acosado por la entrega antes del cierre. Muchas veces escribía el texto en el subte, camino a la editorial.
Debía producir mucho, no olvides que estaba amasando una pequeña fortuna.
Mi mujer y mis hijos eran el tribunal de testeo, si lo entendían pasaba.
Vivía angustiado, acosado por la entrega antes del cierre. Muchas veces escribía el texto en el subte, camino a la editorial.
Debía producir mucho, no olvides que estaba amasando una pequeña fortuna.

Ver mis dibujos, generalmente mal impresos o muy reducidos, era mi porción de decepciones a las que nunca me acostumbré.
Aunque también había un lado bueno, recibía cartas, regalos y halagos (vitaminas para el ego) de gente sensible a lo que publicaba.
Un día, de forma intempestiva, decidí dejar el humor. Fati sefiní.
Fue una decisión rotunda y sin fundamento, como se toman las mejores decisiones.
En ese momento, editorial La Flor, preparaba un libro que reunía una selección de mis chistes. Daniel Dibinsky, director de la editorial, todavía recuerda que fue la primera y única vez que un autor decidiera suspender la edición de un libro ya aprobado.
Nunca más firmé Fati, aunque algunos amigos me siguen llamando por ese apodo.
El humor sigue siendo un ingrediente de mis dibujos. Todavía disfruto y admiro el trabajo de ciertos como Quino, Liniers, Tute y otros.
Aunque también había un lado bueno, recibía cartas, regalos y halagos (vitaminas para el ego) de gente sensible a lo que publicaba.
Un día, de forma intempestiva, decidí dejar el humor. Fati sefiní.
Fue una decisión rotunda y sin fundamento, como se toman las mejores decisiones.
En ese momento, editorial La Flor, preparaba un libro que reunía una selección de mis chistes. Daniel Dibinsky, director de la editorial, todavía recuerda que fue la primera y única vez que un autor decidiera suspender la edición de un libro ya aprobado.
Nunca más firmé Fati, aunque algunos amigos me siguen llamando por ese apodo.
El humor sigue siendo un ingrediente de mis dibujos. Todavía disfruto y admiro el trabajo de ciertos como Quino, Liniers, Tute y otros.
8.11.08
After chabón
Debe haber algo en la psicología humana que a veces nos empuja a hacer cosas desmesuradas, como la paella más grande del mundo o la cabellera más extensa etc.Todas esas cosas de las que se alimenta el libro Guinnes de los record.
El dibujo más largo que hice en mi vida, mide diez metros por uno sesenta de alto.
Lo dibujé en un papel Fabriano muy largo, con tintas, plumas, pinceles, aerógrafo y pintura.
Se llama “Especie en extinción”. Dibujé dos camilleros que transportan un pájaro de metal, la escena se reitera varias veces, en una, el camillero es Luca Prodán.
Desde que lo hice, hace diez años, pude mostrarlo en tres oportunidades, la primera fue en el Centro cultural recoleta en Buenos Aires, otra en el museo Guaman Poma de Entre Ríos y la última en el museo Mucha de Mendoza.
Después de esto, hice una serie de estampillas para el Correo Argentino, lo cuál sirvió para calificarme como un típico caso de psicología bipolar.
5.11.08
Me gusta leer. Es un placer que me ayuda y estimula en lo que hago.
Mi trabajo tiene mucho que ver con la literatura.
Dibujar es contar.
Literatura y dibujo más de una vez hacen un tandem, el ejemplo mas obvio es la historieta.
Muchos escritores son eximios dibujantes y viceversa, no es casual.
Podría nombrar algunos como Goethe, Víctor Hugo, Lewis Carrol o Gunter Grass quien ilustra las tapas de sus novelas con sus propios diseños.
Entre los dibujantes que escriben están Kubin, Roland Topor, Bruno Schultz y Audrey Beardsley
Cuando leí la novela Drácula de Bram Stoker, me atrapó el personaje, aunque la historia se hacia sobrecargada y reiterativa, comenzó a abrirse paso en mi mente la idea de hacer mi propia versión de este relato gótico.
Casi sin proponérmelo mis cuadernos comenzaron a ser habitados por castillos, bellas doncellas, animales impuros, vampiros y textos que intentaban modelar la historia.
Mi trabajo tiene mucho que ver con la literatura.
Dibujar es contar.
Literatura y dibujo más de una vez hacen un tandem, el ejemplo mas obvio es la historieta.
Muchos escritores son eximios dibujantes y viceversa, no es casual.
Podría nombrar algunos como Goethe, Víctor Hugo, Lewis Carrol o Gunter Grass quien ilustra las tapas de sus novelas con sus propios diseños.
Entre los dibujantes que escriben están Kubin, Roland Topor, Bruno Schultz y Audrey Beardsley
Cuando leí la novela Drácula de Bram Stoker, me atrapó el personaje, aunque la historia se hacia sobrecargada y reiterativa, comenzó a abrirse paso en mi mente la idea de hacer mi propia versión de este relato gótico.
Casi sin proponérmelo mis cuadernos comenzaron a ser habitados por castillos, bellas doncellas, animales impuros, vampiros y textos que intentaban modelar la historia.
.Cuando nos metemos con el alma en un proyecto, es como que entramos en otra constelación. Hay algo que produce felices encuentros, misteriosamente se nos acercan cosas que sirven para aquello que estamos construyendo.
Una noche vi a un vampiro en un sueño. Era casi un monje con una cofia parecida a la que usan ciertos obispos.
Modelé esa imagen con resina y papel maché, lo pinté pálido como un hueso.
Dibujaba de noche, el silencio era absoluto, cerraba mi estudio y lo iluminaba con velas. Mi modelo proyectaba sombras inquietantes sobre las paredes.
Una noche vi a un vampiro en un sueño. Era casi un monje con una cofia parecida a la que usan ciertos obispos.
Modelé esa imagen con resina y papel maché, lo pinté pálido como un hueso.
Dibujaba de noche, el silencio era absoluto, cerraba mi estudio y lo iluminaba con velas. Mi modelo proyectaba sombras inquietantes sobre las paredes.





En esa penumbra la tinta parecía sangre fresca.
Empecé a sentir que muchos muertos nos rodean.
Mi familia comenzó a preocuparse.
Así transcurrió mas de un año, me volví huraño y taciturno.
Con todo ese material de textos y dibujos, Sebastián García Schnetzer, armado de paciencia oriental, diagramó el libro, buscó la tipografía exacta, imaginó la tapa, los colores, el papel.
La edición española publicada por El Zorro Rojo es insuperable. También hay una buena versión checa y otra inglesa.
Hace poco visitó mi estudio un extraño personaje, era el retrato viviente del vampiro que dibujé, la cara parecía tallada en cera, un extranjero que balbuceaba un castellano precario.
De un viejo portafolio de cuero extrajo el libro Drácula.
Mientras lo autografiaba, él tomó de un estante la figura del vampiro que me sirvió de modelo.
La escudriñaba como a través de una lupa.
Parecía que sostenía en sus manos una réplica de si mismo.
-How much?- preguntó con una voz que era un soplo.
-No está en venta- le dije acompañándome de señas.
En ese instante vi como se le desprendía de las manos y se estrellaba en el piso.
Quedamos un instante congelados.
El tipo musitaba disculpas mientras yo reprimía mis ganas de darle una descomunal patada en el culo.
Empecé a sentir que muchos muertos nos rodean.
Mi familia comenzó a preocuparse.
Así transcurrió mas de un año, me volví huraño y taciturno.
Con todo ese material de textos y dibujos, Sebastián García Schnetzer, armado de paciencia oriental, diagramó el libro, buscó la tipografía exacta, imaginó la tapa, los colores, el papel.
La edición española publicada por El Zorro Rojo es insuperable. También hay una buena versión checa y otra inglesa.
Hace poco visitó mi estudio un extraño personaje, era el retrato viviente del vampiro que dibujé, la cara parecía tallada en cera, un extranjero que balbuceaba un castellano precario.
De un viejo portafolio de cuero extrajo el libro Drácula.
Mientras lo autografiaba, él tomó de un estante la figura del vampiro que me sirvió de modelo.
La escudriñaba como a través de una lupa.
Parecía que sostenía en sus manos una réplica de si mismo.
-How much?- preguntó con una voz que era un soplo.
-No está en venta- le dije acompañándome de señas.
En ese instante vi como se le desprendía de las manos y se estrellaba en el piso.
Quedamos un instante congelados.
El tipo musitaba disculpas mientras yo reprimía mis ganas de darle una descomunal patada en el culo.
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