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14.7.10

Mientras me cuenta detalles de su singular novela acaricio la taza de café con leche y compruebo angustiado que se está enfriando y esta porción de boludo sigue contando su biografía interminable.
Cuando el gordo por fin se va siento algo parecido a la felicidad, aunque el café con leche está tibio, el silencio lo compensa todo.
Me pregunto qué hay en mí que empuja a ciertos individuos de diversas profesiones: abogados, rentistas, kioskeros, ingenieros, comerciantes etc. a confesar sus inquietudes artísticas, sus vocaciones secretas.
Las medialunas estaban riquísimas.


5 comentarios:

Andrés Moyá dijo...

parece q t equivocaste de profesión , tendrías que probar con la sicología jajaja

luis scafati dijo...

No te rias Andrés, estuve a punto, si hubiera seguido ese camino probablemente Lacan no existiría.

Andrés Moyá dijo...

jajaja, en una buena luis!
El último fin de semana de este mes voy a estar en bs.as para saludar a mi prima cecy gandolfo (la hija de sergio kern) que tuvo familia con lucas nine; francisco (un divino mi sobrino!), estaria bueno q nos juntemos, a parte tambien esta sergio (no se hasta cuando se queda). cualquier cosa nos comunicamos.
un abrazo grande!

Maricel dijo...

Para mí el sello de lo Kafkiano es lo que te condena. Los hombrecitos grises saben donde está el espejo para mirarse y recordar lo que no se animaron a ser.

luis scafati dijo...

Hola Andrés, dale saludos a Ceci, a Lucas y a Sergio, estoy en Vistalba rodeado de nieve, desde un helicóptero me proveen de alimentos, lápices y papeles, un abrazo.

Puede ser Maricel eso que decís, aunque creo que los que seguimos nuestra vocación artística en realidad no quisimos abandonar la patria de la infancia, fuimos fieles a la desmesura del juego...habrá que seguir poniendo la oreja.