Lentamente la harina se tostaba, es importante no dejar de revolver, hasta tomar un tono sepia, como la arena, después lo distribuía en trozos de papel y dejaba enfriar.
Cuando estaba tibio cada uno tenía su porción. Mis tres hermanos y yo disfrutábamos esas tardes invernales de harina tostada, aunque siempre alguno hacía la broma de soplar la porción del vecino.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario